En un dia gris y lluvioso en Zaragoza, y oyendo “The Velvet Underground” mientras venia a trabajar, he decidido que tenía que escribir este post sobre el “Cutty Sark on fire”.

No me interesa la mitología, ni la simbología que este barco tiene para los ingleses, lo que me interesa recordar es cuando viviamos en Londres, cerca de Greenwich, exactamente en Lewisham, última parada de los Docklands.
Me interesa recordar los paseos que dabamos con nuestras bicis los domingos por la mañana por la orilla del rio Tamesis: a veces hacia la derecha, cruzando por el “foot tunnel” debajo del rio, hasta llegar a London Bridge y al mercadillo, a comernos un bocadillo de pavo con mermelada de frambuesa en el puesto más lleno y en el que siempre había que esperar; a veces hacia la izquierda, bordeando la curva de los headquarters de Canary Wharf, pasando por el Millenium Dome, hasta las Woolwich Thames Barrier – construidas para evitar inundaciones en la ciudad – pasando por los aserraderos en ruinas y las zonas que denominábamos “Mad Max”.
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Me interesa recordar las pintas que tomábamos viendo atardecer en el pub cerquita del barco, muchas de ellas con familia y buenos amigos que venían a vernos desde España y a los que llevábamos alli como un lugar especial. También los momentos paranormales con líneas verdes que cruzaban el cielo proyectándose a larga distancia.
Comprabamos en el mercadillo de Greenwich (joyas, libros y calendarios a libra). Dabamos largos paseos por el parque y disfrutábamos de espectáculos y ferias, incluso visitamos el Royal Greenwich Observatory, con sus bonitas vistas y su caja de luz gigante.
También navegamos por el Thames en uno de los Ferrys que te llevan hasta el London Eye.

Nos tumbábamos al sol en Blackheath rodeados de cuervos y cometas, hasta que nos enteramos de que en tiempos de la peste negra fueron enterrados allí los cadaveres. Recorríamos las calles del barrio en navidad, cuando parecia una ciudad de cuento de los hermanos Grimm y comíamos calamares al más puro estilo del calamar brabo en la mejor tienda de “fish & chips” de toda la zona.
Caminábamos desde la estación de Hither Green hasta casa, dando un paseo por uno de los barrios más típicos de Londres, con casas de dos alturas, jardines con flores y basura, holligans con perros pitbull y chicas de 15 años vestidas con chandal rosa y que gritaban por el móvil mientras arrastraban un churumbel de 3 años.
Vivíamos en un apartamento que conseguimos con ayuda de Jamie, cuyo propietario era el rey del DIY. No tenia moqueta pero había zorros y ardillas que cohabitaban con los personas y que en época de celo no nos dejaban dormir. Los vecinos nos odiaban y nos tenían altamente intrigados porque no sabíamos la relación que había entre ellos.
Comprábamos en un Saintsbury y en el Strechter, e incluso teniamos la tarjeta que nos daba puntos, y una vez al mes comiamos carne decente que comprábamos en un mercado que hacían en un parque cerca de casa con productos típicos de la zona. Nuestros sitios de comida rápida favoritos eran el Cantones, donde nos hicimos amigos de Fran y sus dos hijos, y el Tandoori de la esquina. Odiabamos al señor del kebab de enfrente y nos reiamos de las timbas de cartas que se organizaban en el “telebole”.
Bebíamos Carling, que nos gustaba más que Stella porque patrocinaba todos los conciertos. Desayunábamos el typical english breakfast, leíamos el periódico (que parecia un árbol por la cantidad de hojas que tenía) y veíamos Top Gear, Lost y Prison Break. En verano todas las noches ponían conciertos en directo por la tele y retransmitían los festivales como el Glastonbury, donde vimos Ojos de Brujo por primera vez. Hicimos una sesión de The Lord of the rings (extended version) de tirón, y comimos tortilla de patata con Eun Jung, los italianos, Eduardo, Pablo y Baltasor.
Teníamos dos horas hasta nuestros centros de trabajo y nos movíamos en tren, autobus, y metro cada día. Hicimos una excursión a Brighton en un coche alquilado con el volante a la derecha.

Pasamos un fantástico año de nuestra vida en South East London, por eso al ver arder el Cutty Sark, no puedo por menos que recordar todo lo que allí acontecio – hechos históricos aparte.











