Charla Francisco Jarauta. Open Art, Zaragoza. 17/07/2006
“Siempre hay que tener una revolución en la agenda”.
La charla se celebró en el Centro de Historia por lo que en primer lugar Jarauta se refiere a este sitio, especificando que aunque su nombre es acerca de la historia, los eventos que en el se están llevando a cabo son muy actuales. Cita el libro “El fin de la historia” pero añade “el principio de los acontecimientos”.
Hace poco se relizaron unas jornadas en el centro tituladas “En la frontera”, Jarauta utilizará el panfleto de estas jornadas para guiarnos durante toda su charla.
Habla del termino “trabajadores de la frontera” y comenta como todos debemos de tener presentes estas fronteras y como estas fronteras están implícitas en el arte.
En los años 80 el movimiento artístico se basa en el arte por el arte, sin sentido ni vinculaciones. El arte autónomo. y los artistas gozaban de privilegios por el mero echo de ser artistas.
Esta época pasa y a partir de los 90 el arte pasa a formar parte de la cultura, es una forma cultural más de expresión como lo es la música. Además se mezcla con los hecho que acontecen en la vida diaria.
El trabajo del arte va unido al trabajo del concepto. La filosofía estudia como hacer posible el concepto, pero el concepto debe de hacer posible el arte. “El arte de los posibles” como expresión política. Y el concepto y el arte deben de incluir el amor (cuerpo, sexo,…) Utiliza esto para retomar el folleto donde hay una sección llamada “Identidad y género” que incluye cuerpos múltiples, middlesex y las fronteras del género.
Las fronteras (y enlaza con el siguiente tema) no se inventan, están hay.
Vamos hacia una globalización imparable. Esta globalización esta marcada por dos puntos:
- Los Medios y la Comunicación: recibimos una media de 27.000 inputs diarios por persona. La creación de empresas como IBM o Nokia desde los años 80 y la aparición de internet y los teléfono móviles,…
- Mercados de comercio. Nuevos mercados como China o la India que cambiarán la forma de los negocios. La terminación de los recursos energéticos de nuestro planeta.
El arte no elige los temas, se sitúa en las frontera.
El conocimiento ha hundido todos los medios de enseñanza tradicionales, todos los sistemas educacionales. Las distancias han cambiado y un niño español esta cada vez más cerca de una niña asiática. Comparten la misma música, la misma comida rápida, las mismas tiendas de moda, los mismo relatos. Ambos juegan con la Playstation a los mismos juegos. Los scripts no se hacen en idiomas, es el mismo para todos. Tendemos hacia la homologación. Nos diferencian los rasgos físicos pero un antropólogo diría que “solo importa el cerebro”.
Como rebelión a la homogeneización nos encontramos con un termino inventado por los franceses y que viene a significar “La defensa de la identidad”.
No se habla de mundo sino de ciudad, y lo próximo es hablar del barrio (quizás de la escalera o el patio)
Ej. Las identidades son como los milhojas: un goloso diría que la crema es deliciosa, mientras que un gourmet hablaría de la fragilidad del hojaldre.
Hay que unir la idea global con la identidad personal.
Ej: cuenta la historia de Kafka. Un policía le pide por la calle su identificación y el le enseña su carné de identidad. El policía le dice que no es suficiente, y Kafka le enseña el carné de la biblioteca, el policía le pregunta –es usted escritor?- y responde –no, soy yo, Kafka lector- al policía no le gusta y no conforme con eso le pide otra identificación más y Kafka le enseña un carné de ciclista que se hizo en una visita a una ciudad aunque el nunca había tenido una bicicleta, y el policía parece que se queda contento con la figura del Kafka ciclista y deportista. Al pasar los años, Kafka se disfrazará de aviador y se hará una foto para ponerla en un carné de una asociación de viadores aunque el ni siquiera se ha montado en un avión, pero – nunca se sabe lo que deparara el futuro.
Con esto viene a significar que las identidades son fugaces, cambiantes, no duraderas, son momentáneas.
“¿Tienen derechos los sentimientos?” como se pregunta Charlot. Si, tienen derechos pero van marcados por los momentos culturales en los que se vive y de eso dependerá si salen a flote.
Otro ejemplo de momento cultural es la sociedad monoparental en la que se vive hoy en día y que es la séptima estructura de sociedad impuesta. Esta clase de sociedad sobrevive y perdura porque les interesa a los políticos, porque economicamente es la más barata y rentable.
Retoma el tema de las fronteras al hablar de política y comenta la historia de la violencia y el horror en la que estamos viviendo y a la que nos hemos acostumbrados.
La seguridad va unida directamente a la libertad. “Liberté, equalité y fraternité” este ultimo termino añadido a la frase por los masones y que debería ser eliminado.
En el folleto sobre las fronteras encuentra una actividad llamada Vacios cotidianos y Visiones urbanas, y a través de una breve historia donde el vendedor de salchichas en Alemania (para nosotros un panadero) que se dice buenos días con los vecinos nos lleva a pensar en los barrios y ciudades.
Aprovecha que hay gente de fuera de Zaragoza para pedirles, y pedirnos a todos, que cada vez que vayamos a una ciudad nos vayamos con un mapa virtual del lugar. El mapa debe comprender los paseos realizados, los momentos vividos, las experiencias, los detalles artísticos que hacen a ese ciudad y monumento únicos y habla de La Aseo como testigo del paso de los años y de los secretos que guardan sus paredes.
Ej: cuenta la historia de una conversación entre Galileo y Barrameo cuando el primero se encontraba en la carcel con su telescopio y el segundo le pregunta –como puedes estar seguro de que lo que ves a través de esas lentes es real?- y Galileo le responde –porque lo puedo ver y demostrar- (el siglo XV es una sucesión de inventos que intentan demostrar la realidad del mundo, es su momento cultural) Barrameo le pregunta –No estarán tus ojos enfermos?- y Galileo le responde –No lo estarán los tuyos?.
Las ciudades son espacios reales, espacios para representar, utilizar, mirar,…
“Building space for democracy” Un barrio donde podamos saludarnos, nuestro espacio personal al margen de las democracias formales. Nuestra pequeña democracia. Cada pequeño movimiento vale, como un sismógrafo registra hasta los más pequeños movimientos.
Habla de la historia de la Utopía (enlazándola con los pequeños movimientos urbanos).
Los sueños que se tenían antiguamente eran lanzados a islas que estaban fuera de este mundo. Islas que estaban formadas de sueños y que se encontraban más allá del limite de la tierra, en aquellos lugares que los mapas no representaban y que para acceder había que matar a enormes gigantes y nadie que iba a buscarlos regresaba.
A través de Tomas Moore y su obra el Canciller habla de un personaje que viene de esas islas, nadie sabe como ha llegado pero les describe paso a paso como son esos lugares, sus edificios, sus formas perfectas, sus calles,… (en esos años hay varios pintores que se dedican a dibujar ciudades imaginarias, formalmente perfectas y vacías, sin gente, ni movimientos ni ruidos)
El siguiente paso a la ciudad serán las sociedades, el tipo de gente que habita esos lugares.
Estamos en un momento de micro-revoluciones no de macro-revoluciones. Revoluciones personales en las que se han cambiado las heridas que cuentan la historia por los tattos que cuentan un momento o una historia menor. Pone el ejemplo “Muestrame tu tatto” en sustitución a la expresión “Muestrame tu herida”.
Una de las últimas reflexiones (y retomando otra vez el tema de las fronteras) nos llega de que el ser humano debe estar cuestionándose todo, “somos nuestras preguntas, no nuestras respuestas”, aunque bromea diciendo que -de vez en cuando unas respuestas no están mal, pero pocas, eh?.
Los griegos decían que el ser humano se caracteriza por el “logos”, la razón, pero que deberían de decir que el ser humano se caracteriza por su sed, su curiosidad, como los pueblos nómadas en busca de respuestas o como el ejemplo de los dos Ulises, el Ulises de Homero que tiene sed, que se tira al mar, lo cruza, busca, curiosea sin saber si va a volver. Y el otro Ulises que recorre en un viaje de 48 horas descrito en un ensayo de 1200 páginas y va de su casa, a la biblioteca, al burdel,… no sin menos curiosidad.
Terminó con el turno de preguntas.