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El fin de semana se celebró el ciclo Trayectos en Zaragoza. Consiste en la reunión de bailarines de diferentes nacionalidades que ofrecen un espéctaculo de danza contemporánea en diferentes espacios de la ciudad.

Nos unimos al festival el sábado por la tarde en la pza de La Seo, donde encontramos una multitud de gente sentada en el suelo esperando ver la actuación de “The circle of Trust”, un grupo de Zaragoza que baila break-dance. En la actuación presentarón la evolución de este tipo de baile desde que empezó a principios de los 90, hasta nuestros días. La utilización de manos y brazos, las vueltas en el suelo sobre la espalda o la cabeza, las piruetas,… terminamos aplaudiendo a ritmo de hiphop y moviendo las caderas entre sílbidos y expresiones de asombro ante cada giro.

Cuando terminó la actuación nos levantamos y fuimos todos juntos hasta detrás de La Lonja, donde colocamos nuestras asientos-en forma de cuadrado de cartón-en el suelo y nos preparamos para la actuación de “Arrangement Provisoir” donde Jordi Gali hizo un espectáculo con un palo, una escalera y una escoba desafiando la fuerza de la gravedad en constante equilibrio sobre los objetos.

De nuevo en movimiento hacia la cascada de la pza del Pilar, donde veríamos las dos últimas actuaciones.

Primero, y para mi la más impactante de todas las que vimos, fue la actuación de Julie Dossavi acompañada musicalmente de Yvan Talbot. Yvan tocaba instrumentos de percusión y sintetizadores que generaban sonidos electrónicos, al ritmo de los cuales se movía Julie, de piel negra y vestida de rojo. Movimientos a veces secos a veces fluidos, a diferentes ritmos, evocando lo tribal a la vez que lo más moderno de la danza. Fundiéndose con la calle, simulando los flujos de las ciudades, las aceras, los coches,… como apuntó Toño: “bailando como si viniese del futuro”.

La última actuación fué de Anton Lachki & Lali Ayguade con su espectáculo Twice Read. Se movían juntos o por separado, primero quietos escuchando, percibiendo, para luego moverse a una velocidad vertiginosa, girando, por el suelo, de pie, rodando, intercambiando miradas y movimientos, y de nuevo quietos, atentos, esperando…

Nos gusto muchísimo y nos fuímos a casa hablando de lo que habíamos visto. Como broche final, una mágnifica vista del Pilar desde el puente de piedra, con nubes y lluvia al fondo e iluminado por las últimas luces del atardecer.